domingo, 7 de agosto de 2011

Quinta hipótesis

Del tercer árbol
Concepto clave: moral.

Lo descrito como el “árbol del bien y del mal” (Gen. II, 9), correspondería a la conciencia, base de la individualidad y del conocimiento ético y moral. El ser humano es el único capaz de distinguir lo bueno de lo malo y optar por lo uno o lo otro.

La referencia al “árbol en medio del edén”, hace parte del mito sumerio y babilónico de la Creación y está  consignado en la epopeya de Gilgamesh, más de 2.000 años AC.

Por su parte, la literatura popular ha identificado, de manera tradicional, dos árboles en estos apartes bíblicos: el de la vida y el de la ciencia o conocimiento del bien y del mal.  Así también los refiere el texto bíblico.

En primer término, el “árbol de la vida” suele asociarse históricamente al concepto “vida espiritual” en el sentido de “existencia espiritual”. Entendida así, por subestimación o prescindencia de lo biológico, tal “existencia” se convierte en una figura abstracta, intangible, homologable a la metáfora que existe cuando decimos “vida científica o literaria”.


En segundo término, la lectura del texto bíblico como “árbol del conocimiento del bien y del mal”, y no como árbol del conocimiento, del bien y del mal”, habida cuenta que los idiomas antiguos carecían de signos de puntuación, impide ver allí la referencia que distingue al intelecto, el “árbol del conocimiento”, como una facultad que presenta una dinámica y unos orígenes diferentes a los de la conciencia ética y moral, el “árbol del bien y del mal”. El primero, un producto típicamente evolutivo; el segundo, producto del “soplo de espíritu de vida”.

En fin, “ciencia y conciencia” son potestades distintas, radicadas en el mismo “árbol”. 

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