Novena hipótesis
Del pecado original
Concepto clave: aberración genética.
Ahora bien, la desobediencia a la prohibición referida como “del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comas” (Gen. II, 17), que condujo “infaliblemente” al advenimiento de la enfermedad y la muerte, sanción anunciada en la expresión “...vuelvas a confundirte con la tierra de que fuiste formado...” (Gen. III, 19), podría explicarse como una forma de aberración genética o distorsión fisiológica (¿pecado original?), consecuencia de cierto comportamiento desviado con el que Adán y Eva, a conciencia, infringieron la ley. Veamos por qué. Si la prohibición consistía en no “comer”, resulta pertinente explorar el significado que pueda darse a esa palabra.
Observemos este singular comportamiento: Recientemente se conoció una enfermedad neurológica infecciosa, mortal y hereditaria, causada por priones, entre aborígenes de Nueva Guinea en los años 50, denominada Kuru (temblor). Lo extraño de este caso es que ellos practicaban el consumo de cerebros en ceremonias de honra a los difuntos, dentro de lo que los antropólogos denominan, canibalismo ritual funerario.
Los priones (Stanley B. Prusiner, 1982) son proteínas infecciosas presentes en el encéfalo y causantes de las "encefalopatías espongiformes transmisibles", llamadas así porque la enfermedad destruye la masa encefálica dándole un aspecto esponjoso. Los estudios indican que el prión es infeccioso en el humano al consumir material encefálico de su misma especie.
La más recientemente conocida de estas enfermedades es la denominada enfermedad de las vacas locas, que se presentó a mediados de la década de los 90 en Inglaterra y otros países europeos, causada por alimentar a los bovinos con concentrados cárnicos, procedentes de ovejas, ganado, cerdos y pollos.
Esta enfermedad neurodegenerativa, mortal y hereditaria, que evoluciona asintomática por varios años, se caracteriza en el ser humano por severa pérdida de la coordinación motriz, temblores generalizados, dificultad para deglutir (el paciente generalmente muere por inanición) y un rictus de la musculatura facial que le valió el nombre de “risa mortal”, acentuando el aspecto macabro de la enfermedad.
Su estudio llamó la atención mundial pues reveló la presencia de factores infecciosos nunca antes vistos y generó dos premios Nobel de Medicina: Daniel Gajdusek y Baruch Blumberg con los virus lentos, en 1976, y Stanley Prusiner con los priones, en 1997.
El canibalismo se entiende como un comportamiento primitivo y feroz sobre el que pesa una connotación altamente peyorativa. Sin embargo, antropológicamente se ha identificado que en ciertas culturas se considera como un acto sublime de incorporación de los “poderes” que la persona fallecida tenía, tales como su fortaleza física, su sabiduría u otras virtudes.
En el ser humano se da un fenómeno psicológico denominado “proyección negativa o aversión”, por el cual él se identifica negativamente con un objeto o circunstancia externa, es decir, en este caso, se identifica con el cadáver de otro humano, incorpora esta condición de muerte a su propio ego y la rechaza 1. Significa que el ser humano ha aprendido a rechazar el canibalismo a lo largo de su evolución, consciente e inconscientemente, acto cuyas consecuencias funestas 2 lo convertirían, en la memoria colectiva, en un acto prohibido. Un pacto de prohibición.
En este orden, interesa señalar una forma sublime de canibalismo ritual adoptada por el cristianismo: comer el cuerpo y tomar la sangre de Cristo. También con el mismo propósito: incorporar sus poderes, común-unión. Carece del factor “proyección negativa” (aversión), puesto que el pan ácimo (harina de trigo sin sal ni levadura) y el vino de uva, no generan rechazo y convierte el hecho de consumir a “otro hombre”, en un acto bueno, con un propósito bueno, y no en un acto de “usurpación de poderes”. 3
Considerando otro aspecto, es bueno comprender que la palabra “fruto” de la metáfora, técnicamente hablando puede entenderse como la parte ‘comestible’ del árbol. Este significado cabe perfectamente en la interpretación propuesta.
En efecto, si aceptásemos la hipótesis por la cual el “árbol del conocimiento, y el del bien y del mal”, es el encéfalo, y parte de éste, el “fruto prohibido”, el significado de la sentencia bíblica “no comas”, no puede ser más estremecedor.
Sólo resta colocar a los personajes en la escena del crimen.
Eva, asaltada en su conciencia, persuade a Adán de usurpar el poder del Creador. Entre juntos, en un espantoso sacrificio humano que comprometió la población existente, tomaron para sí el fruto prohibido, consumiéndolo en un ritual de canibalismo fetichista.
De esa manera pretendían hacerse poseedores del conocimiento, del bien y del mal y obtener la recompensa de la tentadora oferta: “...seréis como Dios...” (Gén. III, 5).
Sin embargo, con la violación de este pacto prohibido, motivada por la pretensión perversa de ser como dioses, lo que realmente lograron a cambio, fue una severa modificación en su constitución genética y fisiológica que les generó enfermedad y muerte, frustración evolutiva que consumó, así, el fin del Paraíso 1.
Así las cosas, resulta lógicamente explicable que al mandato bíblico “no comas”, se le pueda atribuir una connotación “literal”, inscrita como nueva circunstancia condicionante de la lucha de poderes gravada genéticamente en el mismo proceso creativo y evolutivo del cual surgió el hombre.
Se comprende claramente por qué el “pecado original” es hereditario; de una parte, como un evento tangible, un sustrato material que afecta al ser humano de toda época y cultura, pecado éste inscrito en su genoma. Y de otra parte, como un estigma moral, emanado de la subsecuente proclividad genética al desorden y a infringir la ley en toda la descendencia (Se han constatado comportamientos típicamente “pecadores” en primates y otros mamíferos: soberbia, envidia, pereza, venganza, etc, señalan que tales comportamientos tienen una profunda base genética).
Cabe entonces preguntarse: ¿Si por un acto de canibalismo-fetichista entró la muerte (y la subsecuente proclividad al desorden) al género humano, no es acaso muy congruente que sea precisamente por un acto de canibalismo-redentor, la misa, como ritual de regresión terapéutica, el anuncio de reparación por el que volverá a su estadio original?
Importa señalar que la secuencia de acontecimientos que el texto bíblico refiere, corresponde exactamente al proceso mediante el cual se pierde la inmortalidad y se abre la puerta del camino para recuperarla: antepone “no comas” en relación con el “fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal” como causante de la muerte; posteriormente asigna la función al querubín para resguardar el camino que conduce al “árbol de la vida”, el rescate de su genoma, de nuevo, con dolor, hacia la inmortalidad.
1 En la “proyección positiva o atracción”, por el contrario, el sujeto incorpora la conducta del objeto ajeno.
2 Cabe pensar que el consumo canibalístico de cerebros, bien podría ser una conducta ya reconocida como nefasta, en lo profundo de la psiquis, desde las épocas preadánicas.
3 Para las personas cuyo precepto religioso les impide aceptar la presencia real de Cristo en la comunión, el anterior símil carece de toda significación, sin embargo como analogía ritual y antropológica, es valedero.
1 Para comprender cabalmente este planteamiento es preciso integrarlo a las hipótesis formuladas más adelante.

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